sábado, 10 de junio de 2017

Reto para El club de los retos de Dácil




María Magdalena era una mujer con cierta edad, educada en postulados a la antigua usanza. Al ser hija única, el celo sobre estas premisas fue aún mayor. A pesar de todo encontraba, siempre, algún resquicio por el que respirar algo de libertad. Gustaba de la buena comida, ropa de calidad, y alguna que otra escapada, que se traducían en viajes con su grupo de amigas. Sin olvidar a su difunto Jesús Manuel.
El le enseñó todo aquello que no podía aprender por otros medios. El trabajo de Jesús Manuel le permitía viajar, por lo tanto cruzaba la frontera a Francia. Viajes que aprovechaba para ir al cine y visionar las películas que, aquí, eran imposibles de encontrar.
Mientras ella disfrutaba, en su pueblo, de su “soledad”. Como buena hija, criada en las buenas costumbres, cuidó de sus padres y cuando le llegó el turno a su esposo, también cumplió con el deber. Siempre pagó, religiosamente, la cuota mensual de la funeraria y ya tenía el ataúd elegido e incluso se lo llevó a su casa, pues era un modelo que había salido al mercado con un número concreto de existencias, no quería quedarse sin él. Pasado algún tiempo, cual sería su sorpresa que al firmar la renovación del nuevo contrato con la funeraria, le daban la opción de la incineración. No se lo pensó dos veces, cargo el ataúd y lo puso al lado de los contenedores de basura y pensó: - Estamos en la era de las energías renovables y del reciclaje, seguro que a algún pobre le hará falta y se lo llevará. Yo me ahorro el gasto de años en flores y el estar yendo y viniendo para aparentar.

Se dio media vuelta, rumbo a su casa, a la espera del desenlace-.



Olivia falcón
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viernes, 12 de mayo de 2017

Relato.




Los abuelos eran de otro mundo,-pensaba- mientras se entretenía jugando con unas fichas de scrabble.

Abuelo, como hombre de campo, siempre lleva el cuchillo canario, enfundado en la vaina y colgado de la faja que sujeta sus pantalones. Ya no recorre las laderas buscando hierba para las cabras, pero es de costumbres, se sentiría desnudo si la dejase atrás. En sus tiempos, le gustaba reunir a todo el mundo alrededor de la mesa; abrir una botella de vino con el sacacorchos y echar unos eyesques jugando a la baraja. No entendía a su biznieto, tampoco a su nieto e hijo, con tanto jueguecito moderno.  Decía para sí mismo -no importa, están - .

Mientras tanto, la abuela, ( hija del abuelo), cosía un encaje antiguo que, previamente, había descosido de un camisón de su madre, para confeccionar un disfraz de carnavales.

Olivia Falcón
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domingo, 7 de mayo de 2017

viernes, 5 de mayo de 2017

Petunia, mi ninfa






Estaba harta. Había decidido dejar la ventana de la cocina abierta porque el intruso, que no era otro sino el hurón de su vecina, siempre encontraba la forma de colarse en ella. Decidida a pillarlo infraganti se metió una escafandra por la cabeza, herencia de su abuelo que fue buzo en sus tiempos mozos y pilló un esquí, medio olvidado, al fondo del ropero de los trastos, había ...perdido el otro.
Sobre la mesa de pata de cangrejo de la entrada había dejado el telegrama, que la vecina le había enviado ayer.
El texto rezaba así: Querida vecina me voy de viaje stop. A tu cargo dejo a Matías stop. Está enamorado de Petunia Stop.Tardaré en volver stop.


Olivia Falcón
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