miércoles, 10 de marzo de 2021

Anacabe










Imagenes tomadas de Internet.


Club de los retos de Dácil:

 

1-     1- El libro, “cómo hacer regalos y objetos con elementos naturales”, un ajedrez, frutas y un ovillo de lana…

2-    2-  …y el inspector García seguía preguntando, evidentemente yo era sospechoso.

3-     3- Texto con las palabras  Espléndido, lavanderas, sombras, telegrama.

4-   4-  La guardiana del huevo negro, de Leonor Fini

 

5-     5- Lorca y Neruda, plátanos, una bombilla y un billete de lotería.

6-     6- Eso, Mejor pregúntale a tu madre.

 

Mi nombre es Anastasia María Catalina Cristina Beatriz Van Deer Klutz  Jiménez Fonseca y en mi círculo más íntimo me conocen por Anacabe.

Hace unos días se celebró mi puesta de largo en la mansión de mis abuelos, Los Van Deer Klutz, condes de Klutz ; también estaban los Jiménez Fonseca, millonarios  hispano- portugueses y una buena muestra de la alta sociedad del Valle del mismo nombre, (frontera entre Holanda y Alemania).

Entre mis regalos más excéntricos estaban: el libro de “cómo hacer regalos y objetos con elementos naturales”, un ajedrez, frutas y un ovillo de lana. Claro, era de esperar, viniendo de parte de los sirvientes- ¿Qué se supone que tengo que hacer con eso?-.

Aún más surrealista fue la aparición del inspector de policía. El collar de esmeraldas con diamantes de la archiduquesa Von Haggen había desaparecido… y el inspector García seguía preguntando, evidentemente yo era sospechosa.

No entendía el porqué de tal interrogatorio, incomodando a todos los presentes. Por qué iba ninguno de nosotros a cometer semejante fechoría. Aún menos yo. No se perdió detalle del espléndido salón de baile, puesto que, algunos lugares, se habían quedado en sombras. La explicación de esas penumbras era que mi madre, Josefina Fonseca, había mandado un telegrama a Oporto para que le enviaran las lavanderas de tapices y aún no estaban listos.

Se quedó prendado del cuadro, “La guardiana del huevo negro”, de Leonor Fini, pero no hizo ningún comentario.

Traía una orden de registro, por lo que no me quedó más remedio que dejarle entrar en mis aposentos. Desde luego no esperaba ver lo que encontró. Sobre mi mesita de noche habían: Una bombilla de bajo consumo, un billete de lotería, un plátano y dos libros. Uno era de Lorca y el otro de Neruda... Su cara reflejó su estupor. Salió de la habitación como una centella.

Luego le pregunté a papá, Álvaro Manuel Jiménez, qué le había dicho, el inspector, al oído.

Me respondió: Eso, mejor pregúntale a tu madre.

 

Olivia Falcón

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